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Helados: ataque ochentoso


Mucho antes de que los socios de Freddo se dividieran (dando lugar a Persicco y Volta), de que naciera Grido en Córdoba y de que Häagen-Dazs desembarca (y fracasara) en Buenos Aires, el negocio de las heladerías estaba dominado por pequeñas firmas que en la mayoría de los casos tenían un radio de operaciones barrial.

La década del ’80 sin embargo también marcó la aparición de las primeras cadenas del rubro y significó el principio del fin para el modelo de heladerías que abría solo en verano.

massera


A continuación, un ranking de las mejores heladerías de los ’80 que no sobrevivieron a la reconversión que vivió el negocio en tiempos menemistas.

Massera
De paso por Santa Teresita el último verano nos cruzamos con un local de Massera. No tenemos ni idea si tiene algo que ver con la cadena de fines de los ’70. Visto a la distancia el nombre no parecía el mejor (algo así como bautizar a una pizzería Suárez Mason o una cafetería Alfredo Astiz), aunque debemos admitir que sus helados nos gustaban mucho.

Tucán
Tucán fue la pionera en salir con una oferta de helado barato y una fuente inspiración para cadenas que vinieron después como Pirulo y Grido. El producto no era gran cosa, pero los inflacionados años ’80 –una coincidencia con la actualidad- Tucán llegó para romper con la idea de que el helado era un consumo casi de lujo (otra coincidencia).

Polo Azul
Para miles de habitantes de Flores, Floresta, Parque Avellaneda y Soldati, hace unos años la salida perfecta incluía empanadas de El Quincho y un helado en el local de Polo Azul, ubicado sobre Avenida del Trabajo.

Trieste
La típica heladería de barrio (en este caso, Villa Crespo) que abría solo seis meses al año. La leyenda urbana contaba que en el invierno austral los dueños se volvían a Italia donde tenían otra heladería, aunque en Secretos de la Pirámide sospechamos que con la plata que embolsaban en el verano los heladeros de la vieja escuela se pasaban el resto del año sin trabajar.

Silvio
La heladería más cheta de Caballito y una de las primeras víctimas del boom de Freddo y su transformación en una cadena de alcance nacional. Silvio estaba en Acoyte casi Rivadavia y no pudo hacer frente al desembarco de Freddo a menos de dos cuadras. Igual, murió luchando como cuenta Esteban Schmidt (el último cruzado de Caballito) en este excelente post sobre el barrio.

Fuente: Lanación.com